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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006.
Mires donde mires ves un Código Da Vinci. En el autobús, en una cafetería… ¿La gente no sabe que existen más libros en el mercado?, ¿o realmente el Código merecerá la pena? Cuando paso delante de las librerías y veo en sus escaparates libros diferentes, debo desechar la primera pregunta. Al ojear alguna página del famoso ejemplar, y sin querer arremeter contra Brown, también desecho el segundo interrogante. La única respuesta que me queda es: la moda. 30 millones de ejemplares vendidos. Una moda más. La sociedad se mueve por impulsos. Vale. Pero, ¿Por qué siendo tan diferentes los humanos, los impulsos de todos coinciden entre sí? Una de las modas más boyantes es la de la cámara de fotos digital. Todo ciudadano que se precie tiene una de estas cámaras. Hasta el que no enfoca ninguna. Hasta el que no sabe que si pones el dedo delante del objetivo, tus huellas dactilares saldrán en un primer primerísimo plano. Y cuando se van a hacer snowboard, te vienen con 450 fotos. Y claro, las tienes que ver todas. Entre los jóvenes universitarios la moda es estudiar LADE (Licenciatura en Administración y Dirección de Empresas). Me resigno a pensar que la gente estudie algo porque sea una moda. “¿A que estudias LADE?”, “¿Cómo lo sabes?”, se quedan alucinados. Me vienen de hacer el Método Pilates, escuchando a Bustamante, con unas manoletinas y una pashmina. No es difícil. Todos somos masa, pero tú eres más gregaria que nadie, lo siento. Y miles de modas más. Que tan pronto como salen, desaparecen. En parte, se deberá al aumento del poder adquisitivo de Occidente. Pero creo que hay otro motivo. Hace poco fuimos diez personas a comer. De los doce bocadillos diferentes para elegir, todos elegimos entre dos. Una amiga me dijo: “¿Te das cuenta de que al final todo el mundo pide los mismos?, ¿será por qué son los más ricos?”. Yo, sinceramente, había oído pedir en alto uno de ellos. Leí sus componentes, me gusto y lo pedí. Sin siquiera echar un vistazo a los demás. Falta de ganas de pensar. Menudo escándalo ha montado el Equipo Abellán. Ellos alegan haber metido mano en las encuestas para demostrar la vulnerabilidad del Estudio General de Medios. Sus molestos adversarios no aceptan tan nobles intenciones. Ambas posturas, a mi modo de ver, han sido demostradas. La picaresca de la COPE consiguió malversar los resultados del EGM, pero la verdad es que tampoco les costó tanto esfuerzo: hacerse pasar por encuestadores, pagar a unos pocos encuestados, modificar alguna respuesta que otra… Las audiencias, que mueven millones de euros (sobre todo en el medio audiovisual), se miden mediante métodos tan precarios que un grupo reducido de pillos puede modificarlas. Porque, si la única manera de controlar la audiencia de la prensa y la radio es mediante las encuestas, tampoco considero que Sofres se lleve la palma de la seguridad. 3.305 audímetros (que controlan a 9.019 personas) representan a los 40 millones de habitantes de nuestro país. La semana pasada Los Serrano tuvieron un 30% de share. Es decir, que 2.705 personas, de las 9.019 que manejan los audímetros, estuvieron viendo el jueves por la noche a la familia postiza de Resines. Lo que en ese momento estuvieran haciendo los 39.997.205 restantes poco importa. Pudieron estar reunidos en una macromanifestación antiserranos, haciendo budú con un muñeco de Belén Rueda. No importa. La estadística es la estadística. Hace poco me enteré de que estas personas, quienes cuentan en sus hogares con tan preciado artilugio, eran anónimas. Me sorprendió bastante porque una amiga suele contar que su tía tiene un audímetro. El método, por se electrónico, será más seguro que las dichosas encuestas, pero tampoco es una prueba de hierro: ¿y si la familia se equivoca al registrarse?, ¿y si el niño de cinco años en vez de dar al botón con su nombre, da al botón con el nombre de su mamá? (Porque a partir de los 4 el niño ya cuenta con nombre en el audímetro). Y si vacilamos ante la credibilidad de Sofres, lo del Estudio General de Medios no aguanta un asalto. Hace tiempo realicé unas encuestas para medir la audiencia de los medios de comunicación en Navarra y Euskadi. No era para la EGM, pero es una empresa con bastante credibilidad. He de decir que es un lugar serio, llaman a cada casa para comprobar que se ha efectuado la encuesta. Pero les preguntan si realmente se llaman fulanito y si el pasado martes les encuestaron, nada más. Cuando llevas recorrida toda Pamplona, en edificios sin ascensores, mendigando 5 minutos en los umbrales de las puertas, lo único que quieres es asegurarte del nombre y el número de teléfono. Poco importa la exactitud en las respuestas del interminable cuestionario: “¿Escuchó ayer usted la radio?”. “Ayer… sí, un rato, por la mañana”. “¿Se acuerda exactamente del canal y la hora?”. “Pues la SER, creo, a ese señor que grita tanto, un ratito, a las 8, a las 9, por ahí”. “¿No sería a Jiménez Losantos, en la COPE?”. “Sí, anda, ponme la COPE y sigue, que de 5 minutitos nada”. No creo que las solución a las andaduras de Abellán esté en una multa u otro castigo, deberían plantearse una modificación interna de todo el sistema de control de las audiencias. |
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